Peronismo

 

El ascenso de Perón y el gobierno militar de 1943

En 1943, un grupo de militares que se identificaban como nacionalistas dio un golpe de Estado en Argentina. Uno de sus líderes era Juan Domingo Perón, quien tendría un papel fundamental en los siguientes años. Durante el gobierno militar, ocupó cargos muy importantes que le permitieron ganar poder: fue Secretario de Trabajo y Previsión, Ministro de Guerra y vicepresidente hasta octubre de 1945.

Perón era un político práctico y, para formar su proyecto, tomó ideas de diferentes lugares. Se inspiró en el economista inglés John Maynard Keynes, en las leyes laborales de la Italia fascista, en los planes económicos de la Unión Soviética de Stalin, en viejas propuestas de los socialistas argentinos y en el ejemplo de otros líderes latinoamericanos, como José Batlle y Ordóñez de Uruguay y Getúlio Vargas de Brasil.

Perón pensaba que era fundamental atender las necesidades de las clases trabajadoras y los sectores más pobres. Su plan era crear una unión entre las distintas clases sociales para impulsar la industria nacional y darles un lugar a los obreros en la política. Sin embargo, estas ideas generaron desconfianza en las clases medias, que sospechaban que su modelo se parecía al de los estados totalitarios europeos. Además, criticaban que fuera un militar que había participado en un golpe de Estado quien lo proponía.

Desde un cargo que parecía tener poca importancia, la Secretaría de Trabajo, Perón fue construyendo la base social de su futuro gobierno entre 1943 y 1945. Se dedicó a fortalecer la relación con los sindicatos a través de acciones muy claras: hizo cumplir los acuerdos laborales, aumentó los pagos por despidos, incluyó las vacaciones pagas en los contratos y extendió las jubilaciones a más trabajadores. Cuando Perón llegó al poder, los sindicatos estaban divididos y tenían poca fuerza. Él los convocó y les ofreció participar en el poder, tratándolos por primera vez como un grupo necesario para el desarrollo del país.

En octubre de 1945, antes de las elecciones presidenciales, los grupos de poder intentaron sacar a Perón de la competencia. Lo obligaron a renunciar a todos sus cargos y lo encerraron en la isla Martín García. La reacción de los trabajadores y los sindicatos fue inmediata: organizaron una marcha masiva a la Plaza de Mayo en Buenos Aires. Gracias a esa presión, el 17 de octubre Perón fue liberado. En las elecciones de 1946, que fueron limpias, ganó con más del 55% de los votos contra una gran alianza de partidos opositores. Una vez electo, su gobierno intentó mostrar una imagen de unidad nacional, pero al mismo tiempo censuraba y reprimía a quienes lo criticaban. También utilizó todos los recursos del Estado, como las escuelas y los eventos deportivos, para hacer propaganda política.

Su esposa, Eva Duarte (Evita), fue una figura clave. Se dedicó por completo a ayudar a los más humildes, quienes la adoraban. Gracias a su influencia directa, se aprobó la ley del voto femenino, que se incluyó en la reforma constitucional de 1949. Esta nueva Constitución tenía un fuerte carácter social: establecía que la propiedad privada también tenía una función social, defendía los derechos de los trabajadores (aunque no incluía el derecho a huelga), de las mujeres, de los ancianos y de los niños. También declaraba que los recursos naturales y los servicios públicos pertenecían al Estado.

Además, la nueva Constitución permitió que el presidente pudiera ser reelegido para un segundo mandato consecutivo, un cambio que la oposición rechazó fuertemente. Gracias a esto, Perón se presentó de nuevo y ganó las elecciones de 1951 con más del 60% de los votos.

El proyecto económico de Perón

Durante el gobierno de Perón, la industria argentina creció mucho. Los dueños de las fábricas querían que más gente en el país pudiera comprar sus productos, es decir, que creciera el mercado interno. Por eso, apoyaron la idea de que el Estado protegiera a la industria nacional de la competencia extranjera. Así, un grupo de industriales se alió con los trabajadores y la clase media, y apoyaron el proyecto político del peronismo. La industria, que antes había crecido por su cuenta para reemplazar lo que no se podía importar, pasó a ser planificada y controlada por el Estado.

El gobierno peronista repartió mejor la riqueza, apoyó la producción en las distintas regiones del país, aumentó el empleo público y construyó obras como rutas y barrios. Todo esto ayudó a que más gente viviera en las ciudades y pudiera comprar los productos que se fabricaban en Argentina.

Para entender la política económica de Perón, es útil compararla con la del gobierno anterior, la "década infame". En esa época, el Banco Central estaba controlado por capitales privados, muchos de ellos británicos, y no podía prestarle dinero al gobierno argentino. Con la influencia de Perón, el Banco Central se nacionalizó, es decir, pasó a ser del Estado. Sus fondos se usaron para beneficiar la economía del país. El crédito bancario se empezó a ver como un servicio público que debía ser regulado por el Estado para ayudar a toda la sociedad.

La nacionalización de los ferrocarriles fue un tema polémico. Hacía tiempo que Inglaterra, dueña de los trenes, había sugerido venderlos porque ya no le resultaba rentable invertir en su mantenimiento. Además, por primera vez, Inglaterra le debía dinero a Argentina por las compras que hizo durante la Segunda Guerra Mundial y no quería pagar en efectivo. Muchos argentinos sentían que tener el control de los trenes era una forma de recuperar la soberanía nacional. El gobierno, por su parte, sabía que los ferrocarriles eran clave para el desarrollo: podía bajar el precio de los pasajes y fletes para ayudar a la gente en momentos de crisis o para fomentar el crecimiento de ciertas regiones. Por todo esto, se decidió comprar los ferrocarriles usando la deuda que Inglaterra tenía con Argentina.

Después de los ferrocarriles, se nacionalizaron otras empresas y servicios, como los teléfonos y el gas. Para impulsar Gas del Estado, por ejemplo, se construyó un importante gasoducto. También se fortalecieron las empresas que ya eran del Estado, como la Flota Mercante y la recién creada Aerolíneas Argentinas. Es importante aclarar que, en los casos de las empresas extranjeras nacionalizadas, como las de trenes y teléfonos, el Estado argentino pagó por ellas. Sin embargo, la política de nacionalización no avanzó sobre otros sectores clave controlados por capitales extranjeros, como el petróleo (aunque sí se fortaleció la empresa estatal YPF) o los frigoríficos.

La creación del IAPI (Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio) fue una medida fundamental. Con el IAPI, el Estado tomó el control del comercio exterior. Esto significó un duro golpe para las grandes empresas multinacionales. El Estado era el único que podía comprar la producción de cereales a los productores argentinos y el único que podía venderla al exterior, quedándose con una parte de las ganancias. Ese dinero se usaba para desarrollar la industria y financiar las políticas sociales. Antes del IAPI, solo cuatro empresas multinacionales controlaban casi todo el negocio de exportación de granos. Con esta medida, el negocio pasó a manos del Estado. Gracias a este control de la economía, el gobierno declaró la "Independencia económica" el 9 de julio de 1947.

Durante el peronismo, los grandes terratenientes perdieron poder político y el Estado pasó a controlar las ganancias de sus exportaciones a través del IAPI. Este sector se opuso fuertemente a las políticas sociales de Perón, como las leyes que mejoraban las condiciones de los trabajadores rurales. A pesar de esto, el peronismo no realizó una reforma agraria para cambiar la estructura de propiedad de la tierra y no eliminó los grandes latifundios, a diferencia de lo que ocurrió en otros países como México.

El gobierno organizó la economía a través de los Planes Quinquenales. El primero de estos planes incluía leyes para fomentar la industria, la construcción de viviendas y el desarrollo de la energía. Entre 1935 y 1954, la cantidad de obreros industriales se duplicó y los pequeños talleres familiares crecieron más de diez veces.

Una de las críticas que se le hace a este período es que se impulsó principalmente la "industria liviana" (como la textil), pero no se desarrolló la "industria pesada" o básica (siderurgia, petroquímica), que es la que define si un país es verdaderamente industrial. Esto se debió a que el gobierno prefirió usar los recursos en una intensa política social, construyendo hospitales, escuelas y lugares de vacaciones para los trabajadores. Cuando más adelante llegó una crisis económica, el Estado tuvo que recortar gastos y ya no pudo hacer las grandes inversiones que la industria pesada necesitaba. Por eso, a pesar del gran avance industrial, la economía argentina siguió dependiendo principalmente del campo.

La crisis económica y política del segundo gobierno de Perón

Al principio del gobierno de Juan Domingo Perón, la situación económica de Argentina era muy buena. El organismo del Estado llamado IAPI se encargaba de vender al exterior los productos del campo, como los cereales, a precios muy altos. Sin embargo, esta situación cambió pronto. A nivel internacional, un grupo de grandes empresas se unió para obligar a los países productores, como Argentina, a bajar sus precios.

Además, la política exterior de Perón generó dificultades. Él quería que Argentina fuera económicamente independiente y se negó a unirse a organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esto complicó la venta de productos a Europa, que en ese momento recibía ayuda de Estados Unidos a través del Plan Marshall. Para empeorar las cosas, Estados Unidos empezó a producir más cereales, creando una fuerte competencia y reduciendo los posibles compradores para Argentina.

A nivel interno, los problemas también crecían. La caída de los precios en 1949 hizo que la producción agrícola fuera menos rentable y se sembrara menos. Muchos de los grandes terratenientes eran opositores a Perón y no quisieron aumentar sus cultivos, incluso cuando el gobierno les ofreció créditos para ayudarlos. Para colmo, entre 1951 y 1952, el país sufrió grandes sequías que arruinaron las cosechas.

Con la llegada de la crisis, el gobierno cambió su política económica. Las medidas innovadoras de los primeros años fueron reemplazadas por soluciones más tradicionales y de ajuste. Se paralizaron obras públicas, se redujo el gasto del Estado, se limitaron los créditos y se congelaron los salarios. En un contexto de inflación, congelar los sueldos significaba que el dinero de los trabajadores valía menos. La crisis afectó duramente a los sectores más pobres, que debieron consumir el recordado "pan negro", hecho con cereales más baratos. Estas medidas hicieron que el gran apoyo que los obreros le daban a Perón comenzara a disminuir.

Otro problema grave fue la falta de energía. La industria había crecido mucho, pero la empresa petrolera estatal, YPF, no producía suficiente combustible para abastecerla. Argentina tenía que importar cerca del 60% del petróleo que consumía, lo que era muy caro. Esto generó un debate: ¿debía el país permitir que empresas extranjeras invirtieran para extraer petróleo? Unos estaban a favor, pero los sectores nacionalistas se oponían fuertemente.

Presionado por la necesidad, Perón intentó negociar contratos con empresas petroleras de Estados Unidos. Sin embargo, los acuerdos no se concretaron. Por un lado, el Congreso argentino puso límites a los beneficios que se les darían a esas empresas. Por otro, las compañías consideraron que las condiciones no eran suficientes. Aunque no se firmó nada, el simple hecho de haber negociado con capitales extranjeros le generó a Perón duras críticas de los sectores nacionalistas, que se sumaron a la oposición.

La crisis económica, el conflicto con la Iglesia Católica (por la eliminación de la enseñanza religiosa en las escuelas y la aprobación del divorcio) y el creciente descontento de varios sectores prepararon el terreno para el golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955. Los militares que tomaron el poder lo llamaron "Revolución Libertadora". Su gobierno prohibió el peronismo: se convirtió en delito nombrar a Perón o a Eva Duarte, tener sus fotos o cantar la "Marcha peronista". Perón tuvo que exiliarse y el peronismo quedó proscripto (prohibido) hasta 1973. Durante esos años, sus seguidores buscaron diferentes formas de continuar la lucha política, en lo que se conoció como la "resistencia peronista".

Comentarios

Entradas populares de este blog

Características de la Guerra Fría

CUBA: UNA OPCIÓN REVOLUCIONARIA

2- El “reformismo” de la Primavera Democrática en Guatemala: Arévalo y Árbenz (1944-1954)